
Mi padre, cazador por vocación y por necesidad. Acudía cada mañana al campo, a buscar su pieza, para venderla y sacar unos dinerillos para la casa, o para dar de comer a su familia.
Uno de esos días acudió sin su presa, y con la cara desencajada por la emoción, nos contó esta historia, que años después, recordé, tal cual nos la comentó.
EL CAZADOR
Cazador de piel curtida,
hombre rudo y sin conciencia
que con su escopeta al hombro
sale buscando su presa.
Por montes y por cañadas,
entre pinares acecha,
y a todo lo que se acerca
dispara con gran destreza.
En la taberna del pueblo
con sus amigos comenta:
Ésta, me salió de frente,
ésta, por la parte izquierda,
y apenas me dio tiempo
para saber lo que era.
Es una liebre, y macho,
¡buena caza, compañero!
¡Suerte y buena puntería,
que aquí no existe más ciencia.
A la mañana siguiente,
con el alba se despierta
y con su escopeta al hombro
hacia el arroyo se acerca.
Camina muy sigiloso
para no espantar la presa
y en medio de una vereda
con una liebre se encuentra.
Cuando la tiene delante
se echa la escopeta al hombro,
y a punto de disparar,
ésta le mira a los ojos
como si quisiera hablar:
"No me mates cazador,
que bajando esta vereda
y detrás de ese matorral,
tengo yo mi madriguera;
mira, mira mis ubres están llenas
para amamantar mi camada
que con ternura me espera".
Y este hombre, alto,
fuerte y rudo por naturaleza
que creemos sin conciencia,
con lágrimas en los ojos
hacia su casa regresa,
y en un rincón del desván,
ha colgado su escopeta.
____________________ Ana Serrano López
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